Una vecina me visitó y se quejó de su mal estado físico. Tenía una inflamación de los senos paranasales
y me comentaba que ningún remedio surtía efecto. Se sentía muy mal y físicamente exhausta. Como yo
en este momento no tenía tiempo, le ofrecí brindarle un tratamiento mental de Reiki por la noche. Aceptó
mi ofrecimiento con cierto escepticismo, pero se sentía demasiado mal como para rechazarlo.
Convenimos que en un determinado momento tendría que acostarse, tranquila y relajada, para esperar
su efecto.
En el momento convenido envié mi energía Reiki mental y traté su cabeza y especialmente sus senos
paranasales. Al día siguiente, mi vecina me llamó por teléfono para decirme que percibió mi tratamiento.
Notó crujidos y latidos en los senos paranasales a medida que el pus se iba aflojando. La presión
desapareció y el pus comenzó a fluir. Continué con el tratamiento las tres noches siguientes y, cuando
concluí, mi vecina se encontró libre de molestias.
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