Aprender a decir "no"
Durante el trabajo en este libro tuve una experiencia muy interesante. Una noche estuvimos reunidos por
casualidad tres maestros de Reiki, mi marido, una amiga y yo. Tres mujeres de Dortmund se habían
unido en un grupo para participar de un viaje de Chakras seguido de un tratamiento de Chakras. Tenían
los más diversos motivos para su visita.
Era un grupo muy alegre, que aún no había tomado conciencia de la seriedad que revestía el hecho que
acontecería esa noche. Ellas esperaban más bien un juego de sociedad. Cuando les indiqué que tenían
que acostarse, surgieron los primeros problemas. Una de las mujeres quiso quedarse sentada, pues ella
igual no se podía "dejar caer"; así quería mantener el control de la situación. Contó también que hasta el
momento ninguna meditación había surtido efecto en ella. Pero pude tranquilizarla y convencerla para
que se acostara.
Durante el viaje, esta mujer fue la primera que se dormía a ratos. Al final del viaje, cuando todos
volvieron a la realidad, quedaron inmersos en sus pensamientos. Una participante lloraba eh silencio.
Todas las mujeres sintieron la necesidad de hablar sobre las experiencias obtenidas durante el viaje. El
estado de ánimo había cambiado completamente y los sentimientos reprimidos salieron a la superficie.
La participante que no quería "dejarse caer", continuaba completamente inmersa en sus pensamientos.
No podía comprender cómo no había sentido miedo y por qué ahora se encontraba tan tranquila. Por
consiguiente, deseó recibir el tratamiento de Chakras, para que le siguiera quitando el miedo. Mi marido
trató el chakra del plexo solar y percibió cómo esta mujer aceptó la energía en medida especial.
Una de las mujeres presentes, al comienzo simulaba estar muy alegre. Prácticamente se había
convertido en el "payaso de los intervalos". Hablaba ininterrumpidamente y quería ser incluida en todas
las conversaciones.
Después del viaje de Chakras se quejó de una sensación de presión en el cuello y pidió un vaso de
agua. Estaba muy silenciosa y comenzó a llorar. Nos contó que reaccionaba con especial sensibilidad si
le tocaban el cuello. Al nacer, se habían interrumpido las contracciones cuando asomó su cabeza y la
partera tuvo que ampliar el canal de parto con las. manos para evitar que se estrangulara. Mi marido
trató, entre otros, el chakra del cuello.
Con este tratamiento tuvo reacciones muy fuertes, su respiración se tornó pesada, pero no se opuso al
contacto. Sintió que el tratamiento le hacía bien y a pesar del contacto no sintió sensación de pánico, lo
que la sorprendió. Sin embargo, aun después de este tratamiento, siguió sintiendo una presión en la
garganta y tenía dificultades al tragar.
Como, mientras tanto, mi marido estaba tratando a otra participante, mi amiga se ofreció a brindar
nuevamente Reiki al chakra del cuello. Mantuvo las manos sobre el mismo, pero sin tocar el cuello
directamente, y sintió el desasosiego que partía de la mujer. En consecuencia, mi amiga apoyó su mano
sobre la cabeza y la frente. Con una fuerza asombrosa la energía Reiki fue aceptada por el mándala de
la mujer. Después estuvo completamente relajada. Durante el tratamiento percibió un fuerte calor en su
garganta, y la presión desapareció.
Cuando le apoyaron los manos sobre la cabeza, tuvo la sensación de atravesar un canal largo y muy
estrecho. Reiteró varias veces y llena de entusiasmo esta observación, y, también, que no sintió miedo
en ningún momento, sino, al contrario, una agradable sensación de bienestar. En el transcurso posterior
de la noche se comprobó que otras personas constantemente se aprovechaban de esta mujer, que no
sabía decir que no. Siempre tomaba el camino más fácil y quería conformar a todos. Tenía miedo de
perder "amistades" o de ser rechazada.
Después de una larga noche, el grupo se despidió y emprendió el camino a casa. Nosotros tres nos
quedamos sentados y pasamos revista a la noche. Después del viaje de Chakras el ambiente estaba
cargado con una energía que percibíamos todos. Una hora más tarde, poco antes de la medianoche,
alguien tocó el timbre. Una mujer completamente alterada, que lloraba desconsoladamente, estaba
parada afuera. Siguió sollozando: "No llego a casa". Recién en este momento me di cuenta que era la
mujer con los problemas en el Chakra del cuello. Profundamente conmovida la dejé entrar y le di unas
gotas de tranquilizante. Después le pregunté dónde estaban las otras dos mujeres con las que quería
volver a su ciudad. Entonces nos contó su historia.
En el viaje de ida la conductora demostró tener un estilo muy impetuoso para conducir. Aunque mi
paciente se sintió mal por ello, no se atrevió a decir nada. En el viaje de vuelta, el estilo de la conductora
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no se modificó. En un momento frenó en forma tan abrupta, que mi paciente creyó ser lanzada a través
del parabrisas.
Este fue el primer motivo para criticar su estilo. Poco antes de subir a la autopista, ocurrió un segundo
incidente y mi paciente se enojó en serio. Se originó un fuerte cambio de palabras, y mi paciente pidió
que detuviera el coche para bajarse, ya que no estaba dispuesta a seguir el viaje en estas condiciones.
La conductora detuvo el vehículo y se produjo otro cambio de palabras en la calle. Trataron de
convencer a mi paciente para que subiera de nuevo, pero ella estaba tan enojada que se negó
categóricamente. Las dos mujeres siguieron sin ella.
La paciente volvió a mi casa recorriendo a pie todo el camino de unos cuatro kilómetros. Le pregunté si
no había tenido miedo, pues el trayecto en partes es muy oscuro y solitario. Ella contestó: "Ningún
hombre hubiera sobrevivido a esto". Nosotros tres nos miramos sin comprender y comenzamos a reír.
Esta lauchita gris, siempre subordinada y que no podía decir que no, como nunca en su vida, había
logrado conmocionar algo y había asumido su propia responsabilidad y dado rienda suelta a sus
agresiones. Fue una larga noche con muchas experiencias positivas para esta mujer. A la mañana
siguiente volvió a su casa en tren.
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