martes, 2 de octubre de 2018

La carga que llevamos sobre nuestras espaldas

La carga que llevamos sobre nuestras espaldas

Una de mis discípulas de Reiki acudió a nosotros para desahogarse. Nosotros la habíamos iniciado
como Grado I y conocía los efectos del Reiki. Su situación personal era catastrófica. Se estaba
divorciando y tenía miedo de que su marido le quitara los hijos. El hombre había abusado sexualmente
de su hija. La Oficina de Protección de Menores no creía en las declaraciones de madre e hija, aunque
poseían un dictamen de un psicólogo. El juicio estaba fijado para el día siguiente. Estaba fuera de sí por
la angustia y tenía fuertes dolores de espalda, especialmente en los hombros. Llegó hasta nosotros con
la esperanza de que mi marido pudiese ayudarle con un tratamiento de Reiki. Mi marido trató el chakra
del plexo solar, para quitarle la angustia. Después aplicó Reiki en todas las posiciones de espalda y
terminó con el hombro. Cuando el Reiki fluía dentro del hombro, la señora lanzó un grito súbito.
Sollozaba y lloraba desgarradoramente y reiteradas veces gritaba: "¡No, no!". ¡Mi esposo no interrumpió
el tratamiento! Después de unos diez minutos se tranquilizó y sus gritos se convirtieron en llanto, hasta
que cesó por completo. Poco tiempo después mi marido concluyó el tratamiento.
Le dimos tiempo para que se tranquilizara. Después de algunos minutos se sentó y nuevamente
comenzó a llorar. Mientras tanto contaba:
durante el tratamiento del chakra del plexo solar percibió una calma interior y se aflojó la tensión que
sentía en el estómago. Al comienzo del tratamiento de la espalda, sintió un relajamiento beneficioso,
pero cuando mi esposo posó sus manos sobre sus hombros, tuvo la impresión de que estas manos se
introducían en ella. Quería aceptar esta sensación como positiva, cuando escuchó una voz: "Todo esto
no te sirve, tu espalda es lo suficientemente grande, aún hay lugar para más". Entonces gritó "no, no" y
comenzó a rechazar esta sensación. Pero, al continuar el tratamiento, estos pensamientos cesaron y la
invadió una gran tristeza. Cuando finalmente mi marido retiró sus manos de su espalda, sintió como si le
hubiese sacado de encima un peso abrumador. Mi esposo percibió lo mismo. Cuando terminó el
tratamiento, también sintió como si hubiese quitado un peso enorme de los hombros de la señora. Después
de la conversación, la señora se sintió muy aliviada. Ya no sentía tensiones y daba la impresión de
haber sido despojada de una gran carga. Con mucha confianza volvió a su casa. Al día siguiente, el
juicio se resolvió a su favor. Ella irradiaba calma y serenidad y convenció tanto al jurado como a la
Oficina de Protección de Menores. Mientras tanto, el divorcio se hizo efectivo y los hijos están con la
madre.
Ahora tiene la iniciación de Reiki Grado II y se prepara para la maestría.

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Agradecimientos Agradezco muy especialmente a las personas que me han ayudado a redactar este libro y que me han apoyado. Quisiera menci...